El "dólar colchón" no es negocio: cuánto poder de compra se pierde si no se invierten las divisas

El "dólar colchón" no es negocio: cuánto poder de compra se pierde si no se invierten las divisas
Desde hace décadas los argentinos buscan refugio en el dólar frente a las recurrentes crisis de la economía, pero ello implica costos que no se consideran
Por Ruben Ramallo
23.09.2021 06.42hs Finanzas

"El que apuesta al dólar, pierde" fue una frase que lejos de ser una advertencia pronunciada por un Ministro de Economía, quedó registrada en forma burlona por la memoria colectiva a lo largo de los años.

Aunque parezca insólito, la advertencia de aquel funcionario tenía mucho de cierto, pues más allá de la potencial "ganancia en pesos" que genera la tenencia de dólares, que es de carácter local, el valor real de la moneda estadounidense depende de la evolución de la inflación en su país de origen.

Entonces, si al billete verde se le ajusta su valor por el IPC de los EE.UU. se puede establecer cuál es la pérdida en términos reales del mismo y los resultados son llamativos.

Si se considera un lapso de diez años, quien compró u$s100 en 2010 y no realizó ninguna inversión con los mismos, pues los dejó en el colchón, hoy verá que su poder de compra se habrá reducido en un 20%. Es decir que en vez de ese monto inicial, su poder de compra se reducirá a solo 80 dólares.

La inflación en Estados Unidos también pega en el poder de compra de los dólares

Avanzando en el tiempo, los billetes adquiridos entre 2015 y 2017 muestran mermas del orden del 10/11% debido a que en esos años la inflación en EE.UU. se ubicó por debajo del 1 por ciento anual.

Pero a partir de 2018 los índices de precios comenzaron a trepar en forma sostenida, pues pasaron del 1,5% en 2018 y llegaron al 3% el año pasado, mientras que en lo que va del año ya acumulan un avance del 4,7%, con picos entre abril y junio, cuando se acercó peligrosamente al 1% mensual.

Con estos porcentajes, quien compró dólares a fines del año pasado ya debe asumir una pérdida levemente por debajo del 5 por ciento.

Es decir que en apenas los meses que van del año se acumula una baja en términos reales que es nada menos que la cuarta parte de la serie iniciada en 2010.

 

La pasión por el dólar

A nadie le escapa que en Argentina "se vive en pesos y se ahorra en dólares", más allá de los intentos de diferentes gobiernos de alterar esta ecuación y los motivos son obvios.

La pasión por el dólar a nivel global comenzó en los años 30 a partir de la consolidación de los EE.UU. como potencia mundial y si bien esta tendencia fue evolucionando a lo largo del tiempo, en el caso de nuestro país el punto culminante fue el "Rodrigazo" de junio de 1975, que en cuestión de horas licuó los ahorros en pesos de millones de personas.

Tan alto fue el impacto que varios analistas consideran que "en ese momento comenzó la desconfianza absoluta hacia el peso argentino, cualquiera fuera su denominación".

Dos años después el Banco Central autorizó a los bancos abrir cuentas en dólares y prácticamente en paralelo se publicó el primer aviso de venta de un departamento con un precio fijado en billetes verdes.

Según estimaciones de consultoras privadas, la tenencia de dólares físicos en nuestro país sería cercana a los u$s200.000 millones, es decir poco más del 60% del PBI.

 

A partir de esa estimación se puede concluir que la "foto" de hoy muestra que la cantidad de dólares per cápita ascendería a u$s4.400, es decir un 50% más que en Estados Unidos, en donde el monto sería levemente superior a los 3.000 dólares.

Una explicación para este fenómeno es que la moneda estadounidense es un instrumento de protección frente a los colapsos de la economía argentina, la inestabilidad y la alta inflación.

Si bien ese dato sorprende, la "película" es mucho más elocuente sobre el deterioro de la confianza respecto a la moneda nacional, pues hace cinco años la Reserva Federal de los EE.UU. calculaba que la tenencia local era de unos u$s2.000 por persona.

De la comparación de ambas cifras, que obviamente deben tomarse como estimativas, puede concluirse que más allá de las restricciones que se intenten imponer, no sólo creció la tenencia de quienes ya los poseían, sino que también se expandió notablemente el número de personas que accedieron a este mercado.

En cuanto a su impacto en la vida cotidiana, se estima que salvo en momentos de altísima incertidumbre, las personas que compran dólares siguen siendo una proporción relativamente menor de aquellas a las que les importa su cotización, por lo que "la centralidad de la moneda estadounidense tiene un gran componente cultural".

En este contexto, se presenta la rara paradoja de que los particulares atesoran dólares por fuera del sistema financiero, de ahí la definición de "fuga de capitales", por encima de sus necesidades, en tanto que el país no puede crecer de manera sostenida pues no genera las divisas necesarias para ello, con el consiguiente desequilibrio en el sector externo que suele desembocar en las clásicas crisis argentinas, que se intentan resolver con devaluaciones que en definitiva provocan más inflación.

Y es precisamente en estas circunstancias, cuando se supone que la mejor cobertura suelen ser los billetes verdes.

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